DSJ19 8 abril, 2020

Madrid

Luego de que una tigresa, un gato y dos perros dieran positivo. Hasta el momento no hay indicios de que mascotas hayan transmitido el virus.

El coronavirus que afectó a más de 1.300.000 personas en el mundo también infectó a mascotas y el último caso confirmado es una tigresa malaya del Zoológico del Bronx, en Nueva York, que se suma a dos perros y un gato que dieron positivo en Hong Kong.

Según se informó el animal estaba acompañado en el mencionado lugar por otra media docena de tigres y leones con síntomas, pero que aún no se confirmó si también padecen la enfermedad que azota al mundo.

«Parece que los felinos se van perfilando como sensibles al virus, pero de momento es algo anecdótico», señaló Víctor Briones, del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

En tanto, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), que investiga otros saltos entre especies manifestó que «la propagación actual de la Covid-19 se debe a la transmisión de humano a humano».

Hong Kong fue el que comunicó en un primer momento dos casos caninos positivos -un pastor alemán y un pomerania- tras analizar 17 perros y ocho gatos en hogares vinculados a personas con la enfermedad mientras que el 31 de marzo anunció que un gato había dado positivo.

Al no existir ningún indicio de que las mascotas hayan transmitido el virus desde la OIE indicaron: «Por consiguiente, no existe justificación alguna para tomar medidas relacionadas con los animales de compañía que puedan afectar a su bienestar».

Según indicó el diario El País, en China un equipo del Instituto de Investigación Veterinaria de Harbin inoculó el virus directamente en la nariz de animales de diferentes especies, dentro de un laboratorio de alta seguridad.

Sus resultados preliminares, publicados el 31 de marzo sin revisión externa, sugieren que el nuevo coronavirus «se replica mal en perros, cerdos, gallinas y patos, pero lo hace de manera eficiente en hurones y gatos».

Los científicos chinos, encabezados por el virólogo Bu Zhigao, inocularon el virus humano a cinco gatos, los sacrificaron a los pocos días y las necropsias mostraron que el virus fue capaz de multiplicarse en su tráquea y en su garganta, pese a que ninguno tuvo los síntomas típicos de la enfermedad.

Además, los felinos infectados contagiaron el virus a un gato sano que estaba en la jaula de al lado, lo que sugiere una transmisión por gotas respiratorias, como en los humanos.

Ante estos resultados, la Asociación de Medicina Veterinaria de Estados Unidos expresó: «El hecho de que un animal pueda infectarse experimentalmente con un virus no significa que se infecte con ese mismo virus en condiciones naturales».

Un estudio publicado el pasado 3 de abril también apunta al salto de los humanos a los gatos. Los autores, de la Universidad Agrícola de Huazhong, analizaron la sangre de un centenar de gatos de Wuhan tras el brote y encontraron anticuerpos contra el nuevo coronavirus en el 15% de ellos.

«Nuestros datos demuestran que el virus SARS-CoV-2 infectó a la población de gatos», afirman los investigadores, liderados por la veterinaria Jin Meilin, pero, sin embargo, sus datos también deben ser interpretados con cautela, porque tampoco fueron sometidos a la revisión externa esencial en el sistema científico internacional.

«Los gatos que pasan mucho tiempo fuera de casa podrían, potencialmente, ser infectados por otra persona, así que es mejor mantener una distancia con ellos, como se hace con las personas», aconsejó a través de su cuenta de Twitter el veterinario William Karesh, presidente del grupo de trabajo sobre enfermedades de la fauna salvaje de la OIE.

Su colega, Víctor Briones, catedrático de Sanidad Animal, dijo estar «totalmente de acuerdo» con esa recomendación y dijo que las mascotas infectadas hasta ahora convivían estrechamente con enfermos y que estos saltos anecdóticos desde los humanos a los animales de compañía ya se detectaron en el brote del virus del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), otro coronavirus que surgió en China en 2002 y mató a casi 800 personas antes de ser aparentemente erradicado.