DSJ19 26 junio, 2020

La decisión del Gobierno de otorgar una ayuda económica a los sectores más vulnerables y postergados en medio de la pandemia del coronavirus para paliaar el confinamiento, se tradujo en el Ingreso Familiar de Emergencia, también conocido como IFE y que es distribuido por la Anses. Sin embargo, también fue una oportunidad para pequeñas organizaciones delictivas que operan con estafas telefónicas, que aprovecharon el contexto “propicio” para pulir su modus operandi.

Se registraron denuncias por estafas, vaciamientos de cuentas bancarias, tomas de préstamos, entre otras modalidades, a lo largo de todo el país. Santiago del Estero no es la excepción y la Fiscalía investiga varias causas que se originaron en los últimos tres meses.

En las últimas horas se conoció el caso de una mujer de Buenos Aires, que si bien no fue víctima porque se dio cuenta de la maniobra casi desde un principio, sí sirvió para alertar a todos los ciudadanos, ya que grabó la conversación con los estafadores.

La mujer de 50 años, ni siquiera había presentado documentación para acceder al beneficio del IFE, pero para muchos, el ingreso se convierte en una ayuda vital ante la paralización de la economía.

“Yo no lo tenía a mi nombre, no me correspondía. Sí mi hija, ella lo aplicó, me puso a mí como número de contacto”, aseguró al contar su caso.

Quizás sea una coincidencia poco feliz, una casualidad, quizás ese dato nunca fue filtrado. Pero relató: “A mediados de esta semana recibí el llamado, un tipo me dijo que me correspondía un IFE”.

La llamada vino de un celular, no de un número de línea de alguna dependencia estatal. El hombre que le hablaba rápidamente y con tono asertivo se hacía pasar por un funcionario público. “Yo te voy a brindar el PIN bancario para que puedas hacer la extracción, ¿sí?”, le dijo a Carla. Le decía que iba “a darle un turno en un horario específico para cobrar la acreditación”, en un cajero automático, algo insólita. Para empezar, así no funciona el sistema de pago de la Anses. Y por otra parte, Carla no estaba dispuesta a creer: ya había sido víctima de dos intentos de secuestro virtual en su vida. Prefirió seguir el juego a ver hasta dónde llegaba y registrar todo. Tomó un grabador para captar la conversación.

“Estos tipos claramente quieren aprovecharse de vos y que caigas”, aseguró. La meta para llevarla a un cajero automático con su tarjeta de débito era obvia: ganar su cuenta bancaria para saquearla.

El hombre fue insistente. Le pidió que fuese al cajero en el día. Le preguntó qué banco tenía, qué red de cajeros. Hizo un radioteatro de comenzar un trámite online. Hasta le dijo que iba a derivarla con personal del Banco Central. Todo ocurriría dentro del cajero, con un trámite guiado. Carla le dijo algo obvio: que no se puede hablar por teléfono en un cajero. “Yo te voy a llamar para brindarte el PIN bancario”, le insistía el hombre, acelerado. Carla le dijo un banco en el que no tiene cuenta, le mintió. Podría haberle dicho cualquier otro. La cita ya estaba hecha.

Luego, la llamó otro hombre. Dijo ser “el doctor Nicolás Márquez, del área de Acreditaciones de Desarrollo Social”, le dijo que era hora de que cobrara. El discurso era caótico. Carla le dijo que estaba en el cajero, una mentira. El hombre intentó guiarla, inducirla a que cambie su clave por la que le otorgaban. La comunicación no llegó a buen puerto. Todo, otra vez, era hablado desde un teléfono celular con un número visible. Al final, todo quedó en nada, excepto la conversación grabada.

Los engaños por Internet, estafas telefónicas y cuentos del tío son uno de los delitos que más crecieron en los últimos años: la variación anual de la Procuración bonaerense mostró que hubo más de 12.900 expedientes por este delito en 2018 luego de 8.300 en 2017.

Es, por otra parte, mucho más sencillo, un delito sin sangre y con efectivo en mano casi garantizado. Salir a robar a la calle sale caro en términos de privación de la libertad, las golpizas y amenazas a víctimas o la posibilidad de un homicidio criminis causa suman años de condena en la lista de agravantes.

Estafar a alguien, de acuerdo al artículo 172 del Código Penal, se castiga con un mes a seis años de encierro. Además, es un hecho excarcelable si el tribunal a cargo del caso no considera que hay riesgos procesales.

Entonces, el delito se adapta. El cuento pérfido del IFE, robarle a alguien lo poco que tiene, se suma a otras variantes perpetradas por charlatanes a lo largo del país, con otros falsos subsidios, regalos de comida, con phishing de datos en simples formularios online. En Neuquén, dos semanas atrás, un estafador despojó a una mujer de 83 años de 900 mil pesos al decirle que era su nieto y que le habían hecho un hisopado por coronavirus. En la zona, según fuentes policiales, la misma banda habría atacado a otros siete ancianos para llevarse casi 11 millones de pesos sin una sola gota de sangre en el pavimento.

Estafar a alguien, de acuerdo al artículo 172 del Código Penal, se castiga con un mes a seis años de encierro.