DSJ19 30 junio, 2020

A veces lo veo caminar tranquilo, cabizbajo y sereno por el Club con el bolsito en la mano. Muchos jóvenes pasan a su lado y ni lo miran. No lo reconocen. Yo lo observo. Se va como una persona común, sin nadie alrededor. La cabeza de pelo blanco y las huellas del tiempo en su rostro. Sus manos ya no son las mismas y su figura tampoco.

Sale a la calle y se pierde entre la gente. Vaya a saber a dónde va pero no usa auto. Ese tipo fue el mejor arquero del planeta durante muchos años. Un héroe fuerte como una muralla. Sin capa y sin espada, que no tenía poderes, pero volaba. Gran responsable de la gesta histórica del mundial de 1978, y de 10 años de Gloria en el arco de River. Es uno de los 44 ciudadanos argentinos desde 1816 hasta hoy que fue campeón del mundo con la Selección.

El Pato es como un prócer de pantalones cortos y buzo verde que pudo haber estado en La Casa de Tucumán proclamando la Independencia de la Patria. O haber luchado contra los realistas codo a codo en la batalla de Chacabuco pegadito al General Don Jose de San Martin. No exagero. El Pato Fillol fue un guerrero con armas nobles, y un revolucionario sin doctrina.

Un patriota en todo sentido y a su manera, desplegando sobre el terreno su talento y destreza. Juro que me dan ganas de abrazarlo y ponerme a llorar de la emoción. Pero se va alejando como siempre, tranquilo,sereno y cabeza gacha mirando el camino con su bolsito en la mano.

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Sale a la calle y se pierde entre la gente.