13 noviembre, 2019

Tras su autoproclamación en una sesión del Senado sin quórum, Jeanine Áñez intentó inaugurar su poder en el país vecino con sus primeros actos de gobierno, pero solo pudo sellar una alianza con las Fuerzas Armadas en un Palacio Quemado militarizado y vallado, en el que, no obstante, se colaron los gases lacrimógenos y los gritos de las protestas.

Decenas de miles de personas volvían a bajar desde la vecina ciudad de El Alto hasta el centro de La Paz, para pedir respeto a la Constitución y exigir a las nuevas personas en el poder que no permitan más actos racistas contra las comunidades indígenas, Añez armó una agenda típica de los primeros días de un gobierno: su primer mensaje oficial ante la prensa y las primeras juras de funcionarios.

Pero en Bolivia no se vive una transición de gobierno o de poder normal.

Ya la serie de barricadas y vallas -algunas más improvisadas que otras- que es necesario atravesar para llegar al Palacio Quemado, así como las constantes persianas bajas de negocios, hoteles y hasta oficinas públicas, eran símbolo suficiente de la tensión que se vive desde que Evo Morales y toda la línea sucesoria presidencial anunciaron sus renuncias y denunciaron un golpe de estado.

“Este mandato presidencial de carácter estrictamente provisional tendrá dos objetivos fundamentales: la derogación de la sentencia inconstitucional 0084/2017 de 28 de noviembre de 2017 y la convocatoria a elecciones generales en el tiempo más breve posible tal y como lo establece la Constitución”, prometió Áñez frente a la prensa, en referencia al fallo que habilitó la candidatura de Morales a una tercera reelección en los comicios del mes pasado, hoy virtualmente anulados.

Áñez aseguró que tuvo que asumir “dado el vacío de poder generado por la huida de quienes perpetraron el fraude”, en alusión al asilo pedido por Morales en México y a las denuncias de fraude que ayer oficializó el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y que son rechazadas por la fuerza del derrocado presidente, el Movimiento al Socialismo (MAS).

Pese al discurso combativo que mostró Áñez con Morales y su gobierno, intentó avanzar en dos puntos: reivindicó la whipala, la bandera indígena, como uno de los símbolos nacionales -un reclamo que se escuchó en las manifestaciones de El Alto en los últimos días- y pidió que “los funcionarios públicos retornen inmediatamente a sus puestos y a ejercer con normalidad sus funciones dispuestas por ley”.

Acto seguido, tomó juramente a la nueva cúpula de las Fuerzas Armadas en un acto marcado por los símbolos cristianos y las menciones a la Biblia, Dios, la Constitución y la patria por igual.

Una vez que abrieron las puertas, los ojos de todos empezaron a picar por la nube de gas lacrimógeno que sobrevolaba la Plaza Murillo de enfrente y los gritos de las protestas se hicieron presentes.

La asunción de la primera parte del gabinete, de repente, dejó de tener horario confirmado, según informaron a Télam voceros de la presidenta autoproclamada.

La presidenta del Senado y dirigenta del MAS, Adriana Salvatierra, intentó entrar con otros legisladores de su partido al palacio legislativo para volver a sesionar, lo que no sucede desde la semana pasada.

La policía los empujó, les cerró el paso y hasta llegó a romperle la ropa y generarle moretones en uno de los brazos.

“Pudimos entrar finalmente al palacio, pero no pudimos sesionar porque las fuerzas policiales intervinieron para evitarlo”, explicó a Télam la senadora.

“Y no pudimos sesionar porque estamos frente a un golpe de estado, no existe ninguna figura legal en la cual se pueda enmarcar la senadora Áñez para asumir la presidencia del Senado e ingresar a la sucesión presidencial”, agregó.

Mientras Salvatierra forcejeaba con la policía para poder ingresar a la Asamblea Legislativa y comenzaban a lanzarse gases lacrimógenos en la zona para evitar que se le sumaran manifestantes, dentro de la sede de gobierno el entorno de Áñez desestimaba el reclamo de la dirigente masista.

“Ya renunció, no tiene nada que hacer allí”, señaló un hombre muy cercano a Áñez.

El domingo pasado, Salvatierra había sumado su renuncia a la serie de dimisiones de masistas en un video.

“En el video está muy clara mi renuncia a la presidencia del Senado, no al curul de senadora; pero además, mi renuncia debe ser puesta a consideración del pleno de los senadores, y solo éste puede aceptarla o rechazarla; el pleno no solo no lo hizo, sino que ni siquiera pudo sesionar”, sostuvo.

Fuente: Télam