24 agosto, 2019

Limitado pero no abatido por su enfermedad, Edgardo Mendoza habla sobre su dolencia, los tratamientos, sus límites para movilizarse y sus nuevos desafíos.

Docente, investigador, referente, periodista, Edgardo Mendoza es palabra reconocida y pedida en especial cuando se trata de política, historia y asuntos internacionales. Su capacidad, claridad y pasión para el relato le permitieron ganar popularidad y prestigio como divulgador de la Historia.

Sin embargo, desde hace varios meses ya no se ve al Edgardo de bigotes caminar con los libros bajo el brazo. Su alegría y entusiasmo siguen siendo los mismos pero ahora se lo ve con su tablet, manejando sus muletas o su silla de ruedas, es que la vida tenía preparadas otras cartas para él.

Hace una década logró superar un cáncer de tiroides pero en 2007, una nueva mala noticia lo sorprendió. Era un extraño y singular caso de un tumor en el hueso ilíaco izquierdo que dejó atónitos a los médicos que lo atendieron. El diagnóstico llegó poco después de que hiciera el cruce de Los Andes y justo cuando se preparaba para la propuesta que le había hecho Marcelo Lima, ser jefe de asesores en el municipio capitalino. 

Lleno de coraje, esperanzas y jamás escaso de proyectos, aceptó el avance de la enfermedad y el someterse a una operación para que le sacaran el hueso, sabiendo que las consecuencias de la intervención lo marcarían para siempre. Desde entonces, tiene que aprender a movilizarse con la silla de ruedas y con las muletas que, según él mismo cuenta, cada vez maneja mejor. 

Mendoza, en entrevista con Juan Carlos Bataller, contó que de ahora en adelante debe manejarse con silla de ruedas y muletas. “Así me van a seguir viendo desde ahora y hasta que ya no esté”, dijo.

Contó que perdió la movilidad hace diez años con el cáncer. Se trató de un cáncer de tiroides. “Se trata muy bien y tiene un principio de cura de un 99,95 por ciento de los casos. En el caso restante, que suele ser uno entre muchos, estuvo el mío y tuvo secuelas complicadas. Apareció en 2002, se trató bien y se finiquitó, pero en 2007 hizo una metástasis muy rara en el hueso ilíaco izquierdo, que es el que tenemos en la cadera. A partir de allí, desde el interior del hueso, empezó a generarse un tumor”. 

Mendoza explicó que lo han tratado de diversas maneras: “Se han ido intentando muchas cosas, rayos, operaciones paliativas, hasta que no quedó más remedio que decir: esto sigue avanzando, o vos lo podés al tumor o él te puede a vos y la forma de que vos puedas al tumor es sacar el hueso en su totalidad”.

Por tal motivo es que decidió sacarse el hueso para ganarle al tumor. “Eso hicieron en diciembre del año pasado en un hospital en Buenos Aires. Con una operación muy complicada, muy cruenta, como dijo el cirujano, sacaron ese hueso. Al sacarlo indudablemente han sacado el tumor, pero la consecuencia es que he perdido la locomoción normal. La pierna izquierda no tiene el sustento que necesita porque se apoya en ese hueso, por ende es una pierna que yo tengo que mover con la mano y por eso necesito las muletas para desplazarme. La idea es, en el interior de mi casa, moverme con la silla de ruedas y para salir hacerlo con las muletas. Cada mes que pasa creo que manejo mejor las muletas”. 

El historiador aseguró que se fue “preparando para esto y eso ayudó mucho. Lo otro que me ayuda es el deseo de decir “yo quiero la vida”. “La vida es algo magnífico que nos pasa, que tenemos que aprovechar al máximo y yo todavía puedo aprovechar de la vida, de mi mujer, mi familia y los amigos”.

Entrevista realizada en el año 2013

Fuente: Programa La Ventana