14 julio, 2019

¿Se imaginan que, en uno de los lugares más áridos del mundo, hubiera formaciones de hielo imposibles de explicar? Pues esto es lo que ocurre en pleno desierto de Atacama (Chile) donde, en un paraje realmente extremo, aparecen unas curiosa formaciones en las que los expertos acaban de descubrir una serie de organismos vivos hasta ahora desconocidos y que consideran que pueden ser fundamentales para hallar vida en otros planetas: se trata de los penitentes.

Estas formaciones son pequeñas cuchillas de hielo, con forma curva, que apuntan en dirección al cielo. Se tratan de pequeños bloques helados que, a pesar de las extremas temperaturas del desierto, consiguen mantenerse con vida gracias a los caprichos de la erosión y de las temperaturas nocturnas de la zona. Situados en alturas por encima de los 4.000 metros, se encuentran principalmente en las regiones más áridas de Chile y de Argentina.

No sería hasta 1839 cuando Charles Darwin sería el primero en descubrir, catalogarlas y documentarlas y, desde entonces, están consideradas como una de las formaciones más extrañas que se pueden encontrar bajo la tierra. Pero ahora, dos siglos más tarde, un equipo de científicos de la Universidad de Colorado (EEUU) acaba de descubrir que estas extrañas cuchillas de hielo almacenan vida en su interior. Ahora, pueden servir para entender la vida en otros planetas.

Los penitentes se forman como consecuencia de las lluvias y, por efecto del extremo frío nocturno, se convierten en bloques de hielo. Cuando aparece el sol, es tan potente que el hielo se evapora sin pasar por el estado líquido, es decir, se sublima, lo que evita que el goteo del agua lo deshaga por completo. El efecto de astro rey termina por provocar que se curven estas formaciones heladas, que vuelven a ganar consistencia cuando llegan las gélidas temperaturas nocturnas.

Su nombre tiene que ver con su color blanco y aspecto puntiagudo, que recuerda a ciertos ritos religiosos. Pero, si fueron descubiertos en 1839, ¿por qué no se han estudiado hasta ahora? La razón es simple: no es sencillo que un grupo de científicos ascienda a alturas superiores a los 4.000 metros para investigar. Y, ahora, se han documentado las primeras formas de vida nunca antes descubiertas en los penitentes: algas y otros microorganismos.

La respuesta es sencilla: los penitentes están situados en uno de los puntos más extremos del planeta, donde llega a haber cambios de temperatura superiores a los 60 grados entre el frío y el calor. Saber por qué ha nacido allí vida y bajo qué condiciones se mantienen puede servir a los expertos para interpretar si en algún punto de galaxia se puede repetir. No en vano, en Plutón y en Europa (una de las lunas de Júpiter) se han encontrado formaciones heladas similares.