10 septiembre, 2019

Mañana se cumple el 131° aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento. El periodista sanjuanino Rolando Chiffel lo recuerda con este artículo

Creo que todos coincidimos que el gran maestro de América, don Domingo Faustino Sarmiento, es el hombre más amado y más odiado que nos haya legado la historia. Ese legado quizás obedece a que el maestro, fue capaz de sustentar sus horrorosas conductas y su potente genialidad.

De todos modos los revisionistas más fanáticos, son los que se entretienen todos los días con estas cosas. ¿Pero como ponemos al descubierto su debilidad? de esa que Borges definía como que  “mi carne es débil mi espíritu no”, esa debilidad por las mujeres. Simple contándola.

La mayoría de los historiares coinciden que el maestro sufrió por amor, y que tuvo más de un desengaño en su “turba vida”. Hay algo seguro, su aspecto exterior no le aportaba nada para ser un rompe corazones,  un Cupido de la vida. Encima su aspecto de hombre feo, torpe y mal aliñado, menos le ayudaban, para esa época, no salió un hombre que pudiera competir con el maestro, al momento de tratar a las mujeres.

El dialogo con ellas, su protocolo, sus palabras seleccionadas, su lenguaje que a veces mezclaba, pequeños términos en inglés o francés, lo convertían en una presa deseable para cualquier mujer. No había parlamentario mejor parlado con las mujeres que Domingo Faustino Sarmiento. Si en estos tiempos Sarmiento hubiera ido con Brad Pitt a un boliche, y hubieran competido por una bella dama. Seguro que Brad se la gana por ser lindo, pero Sarmiento se hubiera ganado a la chica y a las amigas de las chicas por su capacidad para enamorar con la oratoria. El maestro contó una vez que: “En Paris compre una copia de la Venus de Milo, en cuya base puse esta inscripción”: “ A la grata memoria de las mujeres que me amaron y me ayudaron en la lucha por la existencia” , y de manera  desafiante ,agrega “Hay las mujeres de la Biblia, hay las mujeres de Shakespeare, hay las de Goethe.

¿Por qué no he de tener para mí las mujeres de Sarmiento?”. La señorita Jesús del Canto, tenía apenas 20 años de edad,  cuando conoció al pibe Domingo, también de 20 años de edad. La chilena fue su primer gran amor. El era un maestro común en San Francisco del Monte, ahí nació el amor a primera vista, tan enamorado estuvo de ella, que del fruto de de ese amor, nació Faustina, que luego el maestro la acepto como hija, y la envió a San Juan, para que su madre y hermanas la criaran y educaran. Ni en Chile ni aquí hay documentos históricos, que nos permitan saber que fue de la suerte de la mama de la nena. Ya sabemos  que el maestro cuando muere, muere en los brazos de Faustina. 14 años después, el exilio lo encuentra a Sarmiento en Chile. Tenía 34 años, y prácticamente vivía en la casa de una bella mujer, llamada Benita Martínez de Pastoriza. Benita era linda y de dinero, y estaba casa con un hombre longevo, don Castro Calvo. Domingo se va de viaje a fines de 1945, a Europa, África y EE.UU, y cuando regresa tres años después, se encuentra con Benita, viuda y con un hijo, del que en el pueblo se decía,  era de Sarmiento.

De todos modos no había un ADN para el niño, igualmente Sarmiento lo adopto como hijo, una vez que se caso con la viuda, y juntos eligieron el nombre de Domingo Fidel Sarmiento, para ese niño. Después de Caseros, regresa a la Argentina en dos oportunidades, y es en la última (1855), cuando conoce, a la mujer que será eternamente “ su amante “ “ La petisa Aurelia Vélez Sarfield” , hija y secretaria de un viejo amigo suyo , el Dr. Dalmacio Vélez Sarfield. Domingo recuerda que esa niña tenía apenas nueve años cuando la conoció en Montevideo.

Era 1952 y Sarmiento encuentra a la chica  “cambiada y deslumbrante”. Sarmiento se enamora como el pasto al rocío, esa chica de apenas 24 años, escritora, política, hermosa, inteligente, flecho de un modo inmediato a este caballero de 44 años, que vio en ella a la mujer ideal. Pero aquí viene lo peor. Los dos estaban casados, aunque ella estaba separada de su primer marido. Aurelia lo enamora de tal manera, que Sarmiento decide instalarse en Buenos Aires, y su tiempo y su amor se pasea entre su cargo de edil capitalino, senador provincial, jefe del Departamento de Escuelas, y periodista de El Nacional, en reemplazo de Mitre. Aurelia amaba el cerebro de Sarmiento. Para ella más que amor le fue una obsesión. Sarmiento era infaltable a las tertulias de los Vélez Sarfield y su esposa chilena enfermiza en celos, viajo a Bs As, y ahí se le terminaron los idilios por las tertulias, que en realidad eran una excusa para estar cerca de la joven. Benita llega a Bs As, y se va vivir a la misma cuadra de la “petisa Aurelia”, y cuando descubre en que andaban los amantes, la vida de Sarmiento se transformó en un infiero en manos de la mujer chilena. Solo su amigo “Mitre” se apiada de él y lo designa, gobernador de la provincia de San Juan. Sarmiento se despide de Benita con un simple texto, pero a su amante Aurelia, le manda un texto tan fogoso, que con tan mala suerte cae en manos  de Benita.  Dominguito le echo algo de mano  esta crisis matrimonial,  para intentar que las cosas se arreglen, pero no, Sarmiento, tras 14 años de matrimonio con Benita se separa. Dos años estuvo de gobernador en San Juan, y parte a EE.UU como Embajador Plenipotenciario. Estando en el norte, sigue su romance con Aurelia, aun cuando ha conocido allí, a una profesora de inglés Ida Wickersham. Una chica 30 años menor que él, casada con un medico, al que Sarmiento definió como un hombre “encantador”. Cuando regresa de EE.UU en 1868, al ser elegido presidente de la Nación, no le contesta los mensajes a Ida “ya divorciada” y tampoco la incluye entre los docentes que contrata para traer a la argentina. Ida le escribió cartas hasta 1881. Su romance con Aurelia parecía a perpetuidad, y pasado los años, ya sordo y enfermo, parte a Paraguay, donde lo esperaban su hija y sus nietos.

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Domingo Faustino Sarmiento y Aurelia Vélez, “un amor prohibido”

Con 77 años, este hombre enamorado de manera perdida de su amante, le escribe a Aurelia “Venga al Paraguay y juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida. Venga pues a la fiesta donde tendremos ríos esplendidos, el Chaco incendiado, música, bullicio y animación. Venga que no sabe la bella durmiente lo que se pierde de su príncipe encantado”. La mujer besa la carta de Sarmiento como alguna vez beso sus labios, y decide irse a donde está su “eterno amado amante”. Aurelia, la petisa enamorada llega tarde a los brazos de su amado, ya que un día antes, en la madrugada del 11 septiembre de 1888, le pidió a su nieto Jesús, que lo ayudara a sentarse, para ver el amanecer. El amanecer se llevo la vida de aquel hombre enamorado. 

Rolando Chiffel
Periodista

Por Rolando Chiffel
Periodista