15 septiembre, 2019

Gricelda tiene cinco años y le cuesta respirar. Cada dos días, necesita  que le salven la vida con oxígeno. Ni su columna, ni sus caderas, ni su sistema nervioso parecen colaborar con su salud. En esas condiciones, esta semana emprendió un camino en auto de 1.200 kilómetros hasta Buenos Aires, al Hospital Garrahan. Ese viaje podría haberse hecho en un vuelo sanitario.

Gricelda había conmovido a Tucumán en 2013, cuando se supo que, desde su nacimiento, había vivido en el Hospital de Niños, quejada por un retraso madurativo, una derivación en su columna, una luxación en las caderas y un síndrome genético. No podía controlar su temperatura corporal y respiraba gracias a una traqueotomía.

Así, Gricelda enamoró a Rubén Vega y su esposa, Dolores del Carmen Albarracín. El flechazo fue mutuo y la adopción fue el sello definitivo de ese amor.

“Me llevaste a mi casita, aproveché que había tanto silencio que me tomé una larga siesta Pero los escuchaba decir ¡qué bonita! ¡un angelito! Y muchas cosas más. Me enteré que tenía cinco hermanos y dos sobrinos, una familia más grande y mis tías del hospital”
(Carta de Gry a su mamá, escrita por ella)

Un largo camino al Garrahan

Gricelda llegó el viernes a Buenos Aires, a bordo de un auto rojo en cuyo costado puede leerse la siguiente frase: “Soy Gricelda, voy al Garrahan en auto porque el gobernador de Tucumán me negó el avión sanitario”. A las 10 horas de arribar tuvo su primera crisis.

La foto del auto se viralizó en las redes sociales tres días después de que el aeropuerto de Tucumán exhibiera el espectáculo fabuloso en 13 jets que trasladaron a funcionarios para la asunción del gobernador Juan Manzur. Todavía se desconoce cuántos de esos aviones eran sanitarios. Los dos de Tucumán estaban estacionados en el hangar.

A Rubén, su papá, le carcome el corazón revivir la historia que vivió su familia en los últimos días en Tucumán, antes de decidir cargar el auto con lo que tenían y lanzarse a la ruta. Le duele la falta de apoyo de las autoridades de la provincia y se siente cansado cuando piensa en la burocracia y la corrupción.

Perder casi todo

La enfermedad crónica de Griselda –todavía no tiene un diagnóstico definitivo- le costó a su papá, entre otras cosas, perder el trabajo. Prestaba servicios de mantenimiento en el Ministerio de Desarrollo Social pero necesitaba un cambio de horario para dedicarse a “Gry”. Lo pidió de manera insistente pero las negativas fueron sistemáticas, cuenta.

Cuando dejó el trabajo, acorralado por la salud de su hija, le aceptaron la renuncia sin miramientos. Valió la pena: Gricelda está comenzando a dar sus primeros pasos gracias a un andador en que apoya sus brazos y se impulsa hacia adelante. Pero la falta de sueldo se hace sentir en la familia, especialmente, porque está muy endeudada y Rubén dice que le deben los dos últimos salarios.

Hace dos meses, Gricelda tuvo que volver al Hospital de Niños de la provincia de Tucumán. Le costaba respirar y tenía temblores en el cuerpo que, de pronto, se le ponía rígido. Las crisis duraban entre tres y cuatro horas. Pero en Tucumán, los médicos no pudieron dar con un diagnóstico certero. Por eso, el jueves 22 de octubre su médico de cabecera decidió derivarla al Garrahan, ante el agravamiento acelerado de su salud. 

La burocracia, ese enemigo silencioso

Rubén cuenta que su familia comenzó, de manera desesperada, una campaña para poder trasladar a la pequeña de urgencia. Los trámites se realizaron especialmente ante el Subsidio de Salud, que cubre a Gricelda por ser hija de un trabajador del Estado. El martes 27, pidieron el traslado a la obra social pero no tuvieron respuestas, recuerda Rubén. Como segunda opción, fueron directamente a la Casa de Gobierno, a pedir el avión sanitario.

“Nos dijeron: ‘Usted tiene obra social, nosotros no podemos darle el avión sanitario’ Nosotros ¿que hicimos? Y agarramos, cargamos todo y nos vinimos en el auto” relata Rubén. “Era la salud de mi hija que estaba en juego. Nosotros no jugamos con eso”, agrega sin dudar.

Recorrieron medio país con Gricelda grave en el asiento de atrás. No pararon, durante las 14 horas que duró la travesía, ni una vez en la ruta. Cuando llegaron, sin saber bien por qué, Rubén tomó una foto del auto y su leyenda de reclamo que surcó las rutas argentinas. La subió a Facebook y se fue a hablar con los médicos del hospital, que se mostraron asombrados por la hazaña. Tres horas después, la foto había recorrido todo el país a través de los miles de usuarios que la compartieron.

Fuente: Periódico Móvil